Tenerife 15 de agosto 2020.

Si existe un puente directo que nos mantiene conectados con nuestro país Venezuela, son sus olores, aromas y sabores.

Entiendo que los 5 sentidos humanos (olfato, gusto, tacto, oído y vista), son los que nos permiten percibir al mundo exterior.

Y cuando hablamos de olores y aromas, no solo nos referimos a comidas que ya es importante y extenso como lo comentaremos mas adelante.

 Por ejemplo, para los que crecimos en ciudades grandes, ¿Quién no recuerda el olor al humo de los autobuses y “camioneticas o busetas” ?, que nos ahogaban e impregnaban al pasar. Yo al menos, en mi época de estudiante usé mucho transporte público y aquello era de espanto.

Quienes se criaron en el interior del país y específicamente en los Llanos venezolanos es ese olor a mastranto y monte que los hace viajar, y revivir memorias del pasado.

El olor a cují en las tierras falconianas, el olor a lluvia y a tierra mojada que nos lleva a ese lugar tan especial….

Curiosamente uno de los olores grabado en nuestra memoria es el de la madera de lápiz cuando se le sacaba punta, de inmediato vuelo a mi época de estudiante.

El olor a pintura fresca cuando se pintaban las casas, y otro que no era muy agradable, pero si curioso, por decir lo menos, era el que se fermentaba dentro de las botellas de cerveza y los depósitos cuando les caía agua de lluvia en los patios o solares, ¿o no?

Otro de los olores que recuerdo mucho es aquel que nos deleitaba al ir a cualquiera de los estadios de béisbol, producto de los “pinchos de … carne de res” (prefiero seguir creyendo que eran de res), aunque la leyenda popular diga otra cosa. Al igual que los puestos de perros calientes y hamburguesas que mezclaban todos sus olores en uno, estimulando antes de tiempo el apetito en las gradas.

Hay aromas que están grabados en nuestras memorias, ese de la hallaca en las navidades que impregnaba la casa y el vecindario entero, era muy chismoso ese olor, ya que todos se enteraban y por supuesto alguno que otro se dejaba llegar a la espera de una “invitación” a comerse una hallaquita.

Aroma especial el del café venezolano por las mañanas, despertando sentidos y memorias que aún hoy añoro y evoco.

Quienes tuvimos la suerte de conocer las cocinas a leña sabremos que ese aroma es insustituible, ya que el sabor que aporta a las comidas aún no han podido inventarlo.

Y si hablamos de sabores la cosa se pone mejor, y no bastarían ni 100 artículos para nombrarlos a todos.

Con este tema de los sabores yo no sé si a ustedes les sucede lo mismo que a mi, nada sabe igual a nuestras comidas fuera de Venezuela, sea cual sea el país.

Ni las frutas, ni las carnes, ni los vegetales, el café ni hablar, reconozco que es una de mis adicciones y mientras viví en Venezuela y me tocaba viajar al exterior, una de las primeras cosas que metía en mi maleta era un kilo de café (Imperial, Madrid o San Antonio).

Siguiendo con los sabores de casa, debemos repetir a la princesa de la gastronomía venezolana; La Hallaca, porque LA REINA Y NUESTRA EMBAJADORA MUNDIAL ES LA AREPA VENEZOLANA.

Antes habíamos descrito sus atributos olfativos que muy bien representaban su sabor y gusto al comerlas. Y por supuesto como dice la “sabiduría popular”; las mejores hallacas son la de mi mamá.

El Aroma de una arepa caliente con mantequilla y queso blanco rallado, o de perico con queso amarillo, no tienen comparación.

Como les dije pudiéramos seguir mencionando sabores, olores y aromas que nos llevan a nuestra Venezuela, Tierra de Gracia.

Y para ustedes ¿Qué aroma o sabor los atrapa y les hace viajar en el tiempo?